Y acerca de la reproducción o del traslado de un sabor hay bastante para decir. La pregunta es si será más fiel cocinar unas papas a la huancaína trayendo los ajíes originales de Perú o si, mejor, via fusión y valorización de lo autóctono, intentar la huancaina local más lograda. Un buen relato sobre esto da Gaston Acurio en la introducción de "Peru. Una aventura culinaria" -que trataremos de postear aquí-, donde relata la transformación de su nostalgia francesa al renacimiento peruano.

Si optamos por la segunda opción, aquella de que la buena cocina china se adapta a la tierra en la que se prepara, entonces buenas cosas para comprar en un viaje ya no son sólo ingredientes y condimentos, sino utensillos y herramientas. Odiando mencionar la figura ya gastada, hablo de traer la caña y no el pescado.

Algunas cañas que trajimos de Peru son:
1) Timbalero. Una pieza de madera torneada muy difundida en Perú como molde para armar coquetos timbales de arroz "bombé". Comprado en el mercado central de Lima.
2) Pinches antichucheros. Son los palillos de la brochette peruana, muy afilados y hechos de caña. Que remiten, además, a los muy interesantes usos que de la caña hacen en Peru, muy diferentes de los vistos en Brasil y en Mexico.
3) Batidor chiquitito. En el barrio Capón? (el barrio chino de Lima) conseguimos un batidor que buscabamos hace tiempo. Como el tipico batidor manual de huevos, pero en una escala que permite hacer vinagretas y otras salsitas en un bowl pequeñito. Muy recomendable.
4) Pichicateador o inyector de jugos. (También en el Capón) Es una inyección que en una punta tiene una bomba y permite extraer e inyectar jugos en carnes.
5) Libros de comida tradicional y de fusiones. Compramos un libro de chistes y recetas de Harry Schuler ("A mi que Chuler!") que tiene una inspiración más bien practica, uno muy completo de Gastón Acurio? que tiene el detalle de ofrecer multiples alternativas para cambiar ingredientes y, por ultimo, la joya "El libro de Oro de la cocina peruana" de Mariano Valderrama, que además de habernos sido obsequiado por Javier Wong invita a una comprensión histórica y, diría, antropológica. Valderrama estudió filosofía, pero creo que el valor aquí es más antrop. Nos quedamos con las ganas de "Los chifas del Peru", de Mariela Balbi; pero está saliendo en suplementos del diario La República y una amiga está coleccionándolos para nosotros.

Luego, sí, trajimos ajíes frecos y secos, condimentos, polvo de enamorados para el café y todas esas cosas que una vez consumidas no podremos reproducir.

Quedan pendientes los recorridos peruanos y bolivianos por Buenos Aires a la busqueda de ingredientes originales producidos en el Río de la Plata o de los sucedaneos ya intentados.

Y ver si es cierto que el Huacatay aquí se consigue para lograr el pesto buscado.


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