Una escena de GatoPardo pinta la seductora picardía del cocinero Dumas. El Gato agitando a Ramiro le dice: –Póngale más azúcar a esa salsa, Ramiro. El otro se niega, como un abuelo cansado de caprichos infantiles y, en cuanto Ramiro se da vuelta, el Gato travieso nos guiña un ojo y echa aun más azúcar de la que se hubiera animado a sugerirle al cocinero Pardo. Martín se siente especialmente triste por Ramiro.

Hemos llamado a Javier para saludarlo y darle la noticia. Fue un reencuentro agridulce, claro. Con la poética síntesis que ya le conocíamos, dijo: “Ahí ya me ha entrado la tristeza”.

Otra frase que nunca olvidaremos de Javier es aquella de que los niños hambrientos son tan flacos que no les cabe el alma en el cuerpo, recordamos al Gato como un enorme cuerpo lleno de placeres y de alma.

Recetas del Gato Dumas (solito) y en Gato Pardo
Reporte de aquella mision que nos había encomendado el Gato

Gato_Dumas