Un comienzo posible es el siguiente: bajar del micro en la terminal, como a las siete de la mañana, caminar ocho cuadras hasta Buenos Aires al 1900, sede central de la confitería Boston, y recién ahí elegir las películas frente a un café con leche con borrachitos (celestiales, la especialidad de la casa) o pan de leche o medialunas. Si hay poco tiempo, se puede comprar para llevar y listo, cosa que además garantiza algunos momentos amenos durante la proyección de la película de competencia del primer turno de la mañana (recordar que el Auditorium queda justo enfrente de la Boston, por si se produce alguna urgencia). MP lo hizo muchas veces y en general tiende a quedarse ahí, mientras que JPF estila comprar para llevar en encantadoras bolsitas de papel. JPF acota que de la Boston no nos olvidemos del brioche. Tiene razón.

Sí, en esta página vamos a hablar de comida, porque descubrimos que todas nuestras visitas a Mar del Plata estuvieron tan relacionadas con la comida como con el “motivo real” de cada viaje. JPF ha llegado a modificar su propio programa privado de proyecciones de la jornada de acuerdo al menú del día de la Jockey?. Es decir: temprano a la mañana pasaba por la confitería, en Corrientes y Rivadavia, para averiguar cuál era el plato del día. Si era ñoquis verdes soufflé con salsa mixta, ganaba la Jockey. Las casas de pastas en Mar del Plata tienen sus hinchadas, y frente a los sorrentinos de la Jockey están los de Montecatini? (La Rioja al 1400 y otros), que en la redacción cuentan con un defensor cuyo nombre no podemos revelar, aunque MP prefiere las pastas en general y los sorrentinos en particular del gran Chiche Véspoli. Dice no acordarse de la dirección y además no la encuentra en internet, pero asegura que un día le preguntó a un taxista y a los tres minutos estaba en la puerta del local.

“No como pizza en Mar del Plata.” Tal es la curiosa confesión de MP, que sin embargo alaba la panificación local (sin excepción) porque, asegura, “es mejor por el agua”. A JPF la frase le encanta. También le da risa. Pero es un enunciado serio, respaldado por la ya citada Boston, las medialunas de Sao? (San Martín 2400) y los churros de Manolo? (Rivadavia 2300), para empezar a hablar. JPF asegura que la pizza “sí es importante” en MdP, y revela: hay que ir a Strega (frente a Manolo) y pedir cerveza tirada y pizza de cualquier variedad, sobre todo si tienen nombres que no anuncian sus ingredientes. Las sirven en tablitas de madera, dice, y eso también es importante.

Parrillada de mariscos en el Club de Pescadores?, muy bien. Puchero en Ambos Mundos? (Rivadavia al 2600), ídem. El puerto tiene lo suyo, ya se sabe (sobre todo en picadas del mar). Todo esto lo dice MP, converso de última hora en el terreno de los mariscos, y fan total del puchero. JPF dice que a esos lugares él no va, que él de la Jockey se va directo a los postres, empezando por los helados. En lo que a cremas heladas se refiere, esta persona comía exclusivamente helados de limón y pomelo y algunas otras pocas frutas no cremosas (luego se ampliaron un poco los márgenes, bastante por cierto). Pero, cuando sólo era consumidor de helados de fruta, no había nada mejor que Augustus? (Colón entre Sarmiento y Las Heras, donde comienza tímidamente la subida). Ideal para después de las sesiones en el Auditorium. Un must absoluto: el helado de mora.

Ambos creen que el “tenedor libre” es sinónimo de insatisfacción garantizada: JPF dice que uno se queda pensando en todo lo que no comió, MP dice que lo que sí comió le cae mal, porque seguro que en algún lugar de Mar del Plata lo preparan mejor. Para gasolerear, nada mejor que alfajores y Coca Light o leche chocolatada (adivinen quién prefiere qué), sin salir del cine. Otra coincidencia: el alfajor Havanna? blanco de dulce de leche fue, es y será insuperable.

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