Antes que nada: comimos como la sanputa de bien gracias al talento, el saber y la generosidad de Sumito Estévez, quién se la pasó cocinando todo el dia.
Solamente algunos elegidos y nadie del lumpenproletariat que puebla estas páginas, fuimos invitados a la mansión que los jefes poseen en un callejón oculto de la refinada barriada de Almagro.
Sumito cocinó nueve platos. R. Salgado trajo nueve chocolates. Nos morfamos hasta el mantel.
La descripción correspondiente y las fotos de la bestial orgía serán seguramente subidas por el Rulo un año de estos para que la gilada sufra.