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Que hacer hoy, 07/10/2008?

  1. Fiesta Nacional de la Flor
    - http://www.fiestadelaflor.org.ar/index.php
    -
    Escobar - Provincia de Buenos Aires
  2. Santa María del Patrocinio - Los ucranios veneran a su patrona
    - http://www.ucrania.com/forum_topic.asp?TOPIC_ID=4210&FORUM_ID=15&CAT_ID=6&Forum_Title=Chat+General&Topic_Title=domingo+7+de+octubre+los+ucranianos+veneran+en%2E%2E%2E%2E
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    La fiesta patronal en la catedral, ubicada en Ramón L. Falcón 3960, del barrio porteño de Floresta

Que hacer mañana

  1. Clases de cocina Tailandesa con Ceso
    -
    -
    Azaí
  2. Fiesta Nacional de la Flor
    - http://www.fiestadelaflor.org.ar/index.php
    -
    Escobar - Provincia de Buenos Aires
  3. Feria El Galpón
    - Ver Centro Comunal El Galpón
    -
    Av. Federico Lacroze 4181 - 4552-2257 - economiasolidaria@elgalpon.org.ar
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Paris

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Joaquim relata:

Fin de semana en París (Francia, no Texas)


Del 9 al 11 de marzo me hice una escapadita a París. Les cuento a continuación mis experiencias gastronómicas en la capital de la “douce France”.

Llegué el viernes por la mañana y me alojé en el Prima Lepic, un hotelito de la rue Lepic, en pleno Montmartre, la calle en cuesta que nace en la esquina donde se halla el Moulin Rouge y acaba cerca de la plaza de Tertre. Toda la calle Lepic es una sinfonía de tiendecitas: fruterías, queserías, charcuterías, vinaterías, una cava de jazz, barecitos con terraza...¡la felicidad de todo cuerpocristero, en suma!.

Apenas dejar mis cosas en el hotel y en medio de un chaparrón considerable, subí caminando hasta la plaza de Tertre. Pasé por delante del Moulin de la Gallette, cuyo restaurante ofrece unos precios francamente interesantes para ser parisinos. Pero mi objetivo era almorzar en La mère Catherine, y allí me metí.

Le mère Catherine no es un bistrot más: La mère Catherine es EL BISTROT. Fue fundado en 1793 y entre sus clientes –que se citaban para cenar en la taberna donde cocinaba “la vieja Catherine”-, figuraron Danton, Robespierre, Marat y otros simpáticos muchachos con gorro frigio. Cuentan que cuando en 1814 los aliados derrocaron a Napoleón y tomaron París, se estacionaron durante un tiempo tropas extranjeras por toda la ciudad. En Montmartre se instaló un regimiento de caballería ruso, y como quiera que los oficiales habían prohibido beber en las tabernas, los soldados entraban corriendo en La mère Catherine y pedían de beber gritando: “¡Bistro, bistro”! (deprisa, deprisa, en ruso). Los clientes franceses se quedaron con la copla, y de modo irónico empezaron a dirigirse a los camareros pidiendo que les dieran de comer “bistro”, de donde nació bistrot como lugar de comida rápida y poco complicada.

Mi almuerzo en La Mère Catherine consistió primero en una ensalada de tres quesos calientes (estupendos quesos fuertes, de cabra y similares), con la ensalada aliñada con una especie de vinagreta de mostaza dulce buenísima. De segundo, pato a la naranja (simplemente delicioso, y eso que uno no es muy amigo de la carne de pluma como creo haber comentado aquí). Acompañé con una “demi bouteille” de Santerre blanco. De postre, sorbete de tres bolas de helado (limón ácido, manzana verde y un albaricoque divino), café expresso (bueno) y una copita de Calvados (genial). La cuenta, un disparate (ochenta eurazos, mon Dieu), pero París es París y sólo tenemos una vida. El servicio, serio, atento y eficaz; el lugar, simplemente hay que vivirlo. Me regalaron una tarjeta postal preciosa, que acompaña esta nota.

Por la tarde bajé al centro y en los almacenes “Hotel de Ville”, en la misma plaza del Ayuntamiento, compré la botellita de perfume “J’adore” que constituye mi tributo parisino para mi madre (cada vez que voy a París le traigo una). Comprenderán que sumados los costes del almuerzo y el perfume, la cena fuera tirando a espartana. La hice en un café de la avenida de la Ópera, donde pedí una tabla de “quesos y charcutería del país”, vinito y café. Aceptable la tabla (que incluía jamón sospechosamente parecido al típico jamón de bodega español), y flojito el vino blanco. La cuenta, unos 24 euros.

El sábado estuve todo el día en Versalles. Comí en el pueblo, en el barrio viejo, en un bistrot corriente. De primero tarrina de paté de Campagne, que resultó interesante. De segundo una especie de ensalada con jamón dulce y patatas fritas; un curioso pastiche, si más no. Al pedir algo para aliñar la ensalada, y tras un cierto estira y afloja con la mastresa al que en un momento dado llegó a incorporarse el cocinero en persona (escandalizados ambos al parecer porque pretendiera conseguir aceite de oliva en su establecimiento), conseguí finalmente que me trajeran un tazón de vinagreta con la que mojar las hojas de lechuga. Vino blanco “de la casa” (pasable) y café. Veintitantos euros.

Por cierto, el pan que se come en París ya sea en un restaurante de lujo o en un bar bocadillería es sencillamente extraordinario. Pan de estilo rústico, a la leña, nada de barras fabricadas en naves industriales, al menos según el estilo español. Un placer comerse una baguette.

De regreso de Versalles y haciendo tiempo para la cena, me tomé una cerveza en el café Gramont, en el Boulevar de los Italianos: una Heineken, 7’80 euros. Anotación: las chiquitas parisinas “a la page” sólo beben agua Perrier, en vasos con hielo y una rodaja de limón. Mientras hablan con su amiga y fuman como posesas aplastan delicadamente la rodaja de limón con una cucharilla, y de vez en cuando toman un poquito de líquido con la misma cucharilla mientras avanzan delicadamente los morritos para sorberlo. Oh là là!.

Por la noche me fui a cenar a Mollard, mi restaurante preferido en la ciudad, en el que siempre ceno una vez cuando estoy a París. Mollard está en la rue Saint Lazare, justo enfrente de la vieja estación que dio nombre a toda la zona. Un barrio de sabor único, frontera entre los boulevares y Montmartre.

La especialidad de Mollard son los frutos del mar y el pescado, aunque también tienen excelentes carnes. Las ostras se pasean solas por entre las mesas, y uno casi puede trabar amistad con toda clase de crustáceos fresquísimos. En Mollard hacen cocina tradicional, sencilla en líneas generales pero refinada a más no poder. Ese dúo, sencillez y refinamiento, es lo que le da a Mollard un sello especial. La decoración es espectacular: Las paredes y los techos de Mollard están cubiertos por puro “Art Nouveau”, alegre y delicado, creado en los últimos años del siglo XIX aunque el origen del restaurante se remonta a mediados de ese siglo.

En esta ocasión pedí como primero langostinos tibios (ocho langostinos enteros con caparazones rosados como bebés por fuera y carne blanca y suave por dentro, con sabor a mar tan intenso que sólo el jugo de limón lo aplacaba), y de segundo plato pescado de roca en Bouillabaisse. El pescado iba dentro de una especie de souflé, dorado y crujiente como hojaldre, sentado sobre una crema bouillabaisse suavísima y ligera; extraordinario plato. De postre tiramisú, bueno pero no comparable al de Antico Dolo, de Venecia. Vino blanco Santerre de nuevo, café (espléndido) y una copa de champagne. El servicio como siempre: profesional, amable, discreto y cómplice del cliente. No se puede pedir más. Total, 100 euros y 20 céntimos. El Cielo no se regala, obvio.

París, la única ciudad del mundo donde los mendigos en lugar de vino de tetrabrik beben caldos con denominación de origen (Manuel Vicent).

Moulin Rouge
Moulin Rouge
Mollard-foto
Mollard-foto
moulin de la gallette
moulin de la gallette
la mere Catherine2
la mere Catherine2
Mollard
Mollard
La M+®re Catherine
La M+®re Catherine


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Creado por: kvasak última modificación: Miércoles 21 de Marzo, 2007[21:07:47 UTC] por martin


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